Primero de todo, decir que soy nueva en esto y no se muy bien por donde empezar, pero supongo que por el inicio de todo, del como me metí en este mundo y como estoy a día de hoy.
Cuando realicé mis practicas de FP del grado medio, estuve en un centro ocupacional, fue algo magnifico y una oportunidad genial que me dieron para formarme, y no solo a nivel profesional, si no también personal y eso fue lo mas importante.
En el centro, la mayoría de usuarios tenían Síndrome de Down y jamás había tratado con diversidad funcional y eso era algo nuevo para mí, la sensación era una mezcla entre miedo y curiosidad pero al cabo de un tiempo allí, cambio todo de repente, y empecé a sentirme genial conmigo mismo y con ellos, y eso, me gustaba mucho.
Al llegar aquí al grado superior de TASOC jamás pensé que volvería a tener la oportunidad de volver a sentirme así, pero si...así fue, una mañana, en la clase de Asun (Intervención Socio-educativa con Jóvenes) nos dio una magnifica noticia, íbamos a realizar un aprendizaje-servicio, que breve mente, consiste en impartir nuestros conocimientos en un centro como voluntarias, y en horas lectivas, que es mucho mejor,vamos, es como un dar y recibir!!!
Lo primero que sentí, fue mucha euforia, pero a la vez curiosidad, por saber que centro me iba a tocar, si me iba a gustar... si yo les iba a gustar a ellos...
Nos explicaron cuales iban a ser nuestras funciones, y a mi compañera Ester y a mí, nos iba a tocar dar clases de alfabetización y lecto-escritura para adultos.
Eso si que me dio miedo, yo, una chica normal, con 20 años, plantarme delante de no se cuantos ''alumnos'' de entre 30 y 50 años y enseñarles a leer y escribir...pero bueno, la vida esta para superarnos, y esto era un nuevo reto que teníamos que afrontar de la mejor forma.
Y llegó el día, Ester y yo no sabíamos ni con lo que nos íbamos a encontrar, ni el nivel que tenían, así que nos preparamos unas fotocopias y entramos al aula con nuestra mejor sonrisa y pensando, ''vamos, ellos necesitan nuestra ayuda y nosotras estamos capacitadas para dársela''.
Teníamos tres alumnas, entre 28 y 47 años, nos hicieron sentir muy cómodas, nos explicaron el nivel que tenían cada una, y lo que querían aprender, una de las mujeres, nos pidió que le enseñáramos el abecedario, nos sorprendió, ya que no era algo que estuviéramos acostumbradas a ver, y ahí vimos las grandes diferencias...como el simple hecho de formar parte de una familia u otra, de ser de un barrio u otro, tienes ciertas oportunidades que otros no tienen, y algo tan esencial como la educación, muchísima gente no tenía acceso a ella o no podía por circunstancias familiares.
Las clases iban avanzando, y a día de hoy dos de nuestras alumnas están ya con gramática, para no cometer faltas de ortografía y poder redactar.
Mis sensaciones ahora...han vuelto a cambiar, me siento realmente orgullosa del trabajo que realizamos, de la ayuda que prestamos y con tal solo una hora de dedicación semanal.

Efectivamente Cris, con el Aprendizaje-Servicio dejamos de "miramos el ombligo" porque tenemos un proyecto común para ayudar a otras personas; nos ayuda a desarrollar la "cultura del dar" frente a la "cultura del tener". ¡Enhorabuena!
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